LAS CRISIS QUE ALIENTAN
La frustración como el invierno, es una de las estaciones que el ser humano tendrá que aprender a reconocer como algo común. Hemos crecido bajo la ley de “nunca fallar” y por ello, nuestras expectativas con respecto al éxito cada vez son mayores y más agobiantes. El mundo solo habla de éxito como un acto obligatorio que nos abre las puertas de la sociedad y del cielo; sin embargo, que poco se habla del desengaño como una verdadera oportunidad para crecer y aprender.
He visto a tantas personas que esperan tan rápido llevar a su pecho una medalla de oro, que al primer embate, su ánimo se vuelve débil y su aliento se hace hiel. Perder duele, duele que los caminos por donde vamos muchas veces llenos de dulces cantos se vuelvan surcos sin fondo, duele ver como en un segundo es posible que la vida haga un giro y nos lance por fuera de borda y nuestros sueños se queden apenas en ilusiones sin vivir.
Es una opción latente en la vida, y la cura para su desasosiego estará en su capacidad de recuperar la fe y reencontrar el camino en su visión. No es una obligación, pero ¿Cómo perder la oportunidad de alcanzar la victoria en medio del crepúsculo?
Las crisis en nuestra vida producen no solamente un desaliento repugnante, sino también, con éste vendrá un extraño sentimiento de melancolía que irónicamente suele aparecer cantando romanzas de cansancio y postración. La nostalgia que las crisis suelen traer, son sin duda aquellos estados amargos que dejan un sabor amargo en el alma.
El reto de la existencia humana exige presencia, voz, intentos, subidas y bajadas, errores y perdones, conquistas y soledades. Una voz clama volver a la serenidad del camino, otra voz brama con ardor que no. Aunque herido, un instinto rabioso pide volver a la lucha, otro en cambio amarra y calcina los nervios de la penetrante faena que usted quisiera dar tras sus ilusiones. Un latido empuja por reiniciar, mientras un aliento débil estremece las entrañas del alma lapidando las fuerzas por volver a creer.
Un si, un no, y así, en medio del tablero de juego que la vida suele poner sobre la mesa, nos sabremos debatir para finalmente elegir el destino. Las crisis gobiernan pero quizá hoy usted decida armar sus ejércitos y lanzarlos en pos de una vida que sea capaz de dejar para sus futuras generaciones un legado de lucha digna, un mensaje capaz de inspirar los espíritus de aquellos que algún día quizá, conocerán de su existencia, no por sus milagros y si por su tenacidad y grandeza.
Si usted tienen algún comentario, será muy grato recibirlo en wr@williamramos.org o visiten www.williamramos.org
Hasta pronto,


