
Todos los días nos encontramos con personas que andan por ahí culpando a los demás por sus desgracias. Pasan su vida siendo víctimas, lamentando su desventura y sus fracasos, casi siempre producidos por sus propias elecciones. Usted no podrá trascender con sus actos si antes no se libera de la peligrosa idea de que otros son los responsables de su felicidad, sus tristezas o sus fracasos.
En las empresas se encuentran algunas personas que solo saben decir “yo solo hice lo que me jefe me pidió, así que hágale el reclamo a él” y todo, porque son como máquinas humanas que operan sin tener el coraje de hablar para decir “usted está equivocado o fui yo quien se equivocó”.
Nuestro mundo demanda más seres humanos responsables de sus propias decisiones, líderes que sean capaces de despertar su responsabilidad personal y que lleven a su gente a gobernar sus acciones y a responder ante ellos mismos por sus resultados. Parece que son muchas las personas que se niegan a ver su realidad, la misma que les hace vulnerables; no desean ver como sus propios valores se han confundido con los valores de otros –sus predadores- y aún así, siguen aferrados a esa manera comediante de vivir, de trabajar e incluso de amar.
Hay algo que cambia en el aliento de los espíritus que un día deciden tomar el rumbo de su existencia, algo que les hace más fuertes y más felices, algo que les llena de pasión y brillo, algo en lo que aún miles de personas se niegan a creer: La visión fundamentada en la abundancia.
Mientras las personas permanezcan habitando en el mundo de la escasez, abundarán las razones para no ser feliz y buscarán y encontrarán siempre a un responsable de su desdicha.
¿En dónde buscará usted la paz si no crea una visión de abundancia para su vida? La escasez no solo se refleja en la vida material; existe escasez de relaciones, de perdón, de expresión del amor y el agradecimiento, escasez de propósitos y retos, escasez de fe y de humildad. Siempre existirá la posibilidad de hacer un alto en el camino y con grandeza decidir vivir diferente, porque ahí radica la primera de las grandes responsabilidades personales, vivir en paz y permitir que quienes comparten los espacios de nuestra vida disfruten a nuestro lado.
¿Existe mejor recuerdo que aquel que nos hace de nuevo sonreír a pesar de ver nuestros ojos inundados de lágrimas? La responsabilidad personal comienza cuando dejamos de creer que nuestra paz nace afuera, en la manos de los demás.
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Hasta pronto,


